Imperceptible a sus sentidos,
la flecha atravesó su armazón.
La rama aplastó su cuerpo
hasta desconcharse en la arena.
La caída apagó
la poca lumbre
que aún ardía adentro.
Su llama confiada
no volverá a alumbrarte,
en su descenso pereció.
De tu arco aprendió
que hay techos que no protegen.
En su trayecto,
camina sin coraza.
Mejor no arrastrar
heridas incrustadas.

