Das lo mejor de ti,
atraviesas el charco
sin salpicar a quien tienes al lado
e incluso te manchas tú
antes que manchar al otro.
El lema no es el charco
en sí mismo,
es que lo atravieses sin caerte
ni salpicarte.
La caída espera paciente
a que debas saltarlo tú
cuando todo tu pelo sea blanco
y tu zancada se achique.
Doy fe que se puede
chapotear en el barro,
pero saldrás con algo más
que la boca y las manos
llenas de salpicaduras.

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