Habrá que fabricar un cántaro que contenga la cascada en su plenitud, que conserve el helor y las sutilezas del manantial para tí, pues tanta belleza necesita regar con mucha frecuencia esos labios tan sabios y gruesos espejos de lo que guardan dentro.
Me levanté con nuestro encuentro entre mis manos: desperté con el hueco entre mis sueños encontrado; sin embargo, me quedó la suavidad del olor eterno que compartimos en silencio abrazados,y esa ternura que día a día crece y se hace más prolongada y testaruda.
Echo de menos verte con los oídos, sentirte con la vista, mirarte con el tacto, hablarte con el cuerpo, escribirte con los sentidos, expresarme con mis dedos y susurrarte que eres un sueño compartido y secreto.
Echo de menos tu voz, tu aliento, tu ser, tu estar entre todos y nadie, tus sueños, tus manos, tu risa, tu pensamiento, tu condición, tu duda, tú y sólo tú que hoy no estás, ahora....
En la ausencia del árbol, presente, ese que habitan las cotorras con su jolgorio diario, así te espero, frente a mi puesto, desde mi atalaya lo atisbo y vigilo para que no se vaya con otra.
Hablo del árbol que celo de noche, de día eres tú el guardián que lo protege.