"El mundo se redujo a la superficie de su piel, y el interior quedó a salvo de toda amargura"
Cien Años de soledad- Gabriel García Márquez.
Desde un mirador privilegiado
la distancia se ve mejor.
El trabajo
una atalaya de confianza
envuelve mi día a día
de pasos que recuperan mi voz
y me hacen verte
como la sombra
a quien la lámpara de Aladino
os concede
todas vuestras plegarias:
el pan a tu Odisea,
pan de molde
para todos los días
venideros,
mientras la alquimia
de los miedos superados
hace de las nubes del camino
mi camino
un sentimiento liberado.
Desvinculado el dolor
del sufrimiento paralizante,
el horizonte es nítido y transparente
en mi voz recuperada
sin deseos de oro concedidos.
Mi barra de pan de máquina
bajo el brazo,
de las hogazas antiguas de pueblo de los 70,
donde mis sentidos
cobraban todo el sentido
todos los veranos,
es todo el escudo de mi estandarte.
Mi escudo es mi trabajo
libre de miedos
con mi sombra, única, a mi lado,
testimonio
de mi preciada voz.





























