Este poema es antiguo, del 21 de Septiembre del 2010. Para ella y todos aquellos que tienen o han tenido un familiar.
Una mujer, sentada en su silla
arropa al visitante con su mirada, y
saluda.
Son las doce de la mañana.
Dolores fuma en la sombra;
al mismo tiempo,
su pensamiento se dispersa en el aire.
Halos de humo se pierden
en el ambiente que envuelve la sala.
Destellos de chispas dispersan
su mirada fija hacia afuera.
Contempla en silencio,
tras los cristales: el cielo llora.
Desde donde está,
la lluvia sólo empapa su memoria.
Inhala en intentos fallidos
la nostalgia de los seres
que la contemplan.
Una vez por semana, vienen a verla.
Dos marcas amarillas, en sus dedos,
son su único deleite a media tarde.
A veces se moja ,
A veces también llueve adentro.

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