De nuevo vuelves a escampar
los efluvios interiores
a bocajarro.
Una y otra vez
la vorágine
te desata los dedos.
Tras la ventisca
yacen las hojas caídas
bajo tus manos.
Aventa de una vez
la escancia maldita
que te envenena.
#8B0000
De nuevo vuelves a escampar
los efluvios interiores
a bocajarro.
Una y otra vez
la vorágine
te desata los dedos.
Tras la ventisca
yacen las hojas caídas
bajo tus manos.
Aventa de una vez
la escancia maldita
que te envenena.