Con múltiples focos puestos
en tus cabelleras de bandera española,
una campana empuja sus ondas
a las púas del día adormilado;
las horas torpes durmieron muchos meses en tu musa
latías en mí con la fe ciega del silencio
que no se pronuncia en contra y posibilita el quizá.
Empuja el hoy las ondas del ayer que tienen voz
en cada uno de los fetiches que habitan este blog.
No fue, no, ni es, la inspiración
el cristal que puso su belleza
bajo la piel cruda del amor
pues no es bella, ni única, ni canción
de una fotografía de escaparate.
Su esencia resplandece a contracorriente
y respira
cubierta de espinas de amor anónimo.