Ayer era fuego, hoy soy temblor
que se permite aceptar
ser agua al fundirse en la arena
y comerse parte del litoral,
ser hojas azuzadas en la ventisca
que no volverán a colgarse
de un mismo árbol.
Coexiste la tensión de sentirse vivo
en un presente incierto e intermitente:
la pasión que no atiende a razones
y no se equilibra,
la mente que no se atiene
a soltar de nuevo
para volver a estrellarse en su delirio.
El corazón brega a su aire
contra el desaire
la razón acepta sus vaivenes
y reniega su propio vaticinio:
no hay lugar para explicarse.
La marea sigue su propio ritmo de arritmias
en pequeños sorbos de oleaje
nadie dijo que fuese sencillo reinventarse:
sé un felino.

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