martes, 24 de febrero de 2026

Cuando la mente amaina

 





Ayer era fuego, hoy soy temblor
que se permite aceptar
ser agua al fundirse en la arena
y comerse parte del litoral,
ser hojas azuzadas en la ventisca
que no volverán a colgarse 
de un mismo árbol.


Coexiste la tensión de sentirse vivo
en un presente incierto e intermitente:
la pasión que no atiende a razones
y no se equilibra,
la mente que no se atiene 
a soltar de nuevo
para volver a estrellarse en su delirio.

El corazón brega a su aire
contra el desaire
la razón acepta sus vaivenes
y reniega su propio vaticinio:
no hay lugar para explicarse.

La marea sigue su propio ritmo de arritmias
en pequeños sorbos de oleaje
nadie dijo que fuese sencillo reinventarse:
sé un felino.










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