Poco a poco las hojas secas
se van retirando del suelo
acunadas en los brazos del aire
alumbradas
por el rayo vuelto albor.
Las hojas se van,
dejando el rencor de sus pasos
hacia los almendros en flor.
Los domingos son más soportables
cuando desengaño se pierde por las ramas
y todas las fisuras del dolor
oclusionan
en brotes de incondicional ternura.
Con todo,
Aún es pronto para desintegrarse
en el fango de la tierra mojada.

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