Encerrada en su mundo,
sin ser capaz de ver
su cambio de paradigma,
le mostraste tu mayor miedo
consciente y sin conciencia
de caer en sus manos,
dejando estampados
tus soliloquios en sus plumas.
Cómo no prever
lo obvio, siendo tan obvio
y previsible
como negar el diálogo
a unos ojos cegados
por exceso de confianza
y obsesión
en su Cisne Negro.
Has fallecido en tus dedos sobre sus actos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario