Tras tanto tiempo alimentada por globos sonda
que negaban la negación y azuzaban un interés
no por indefinido concluso,
la torre se desmoronó tras brindar frente a tu copa.
Una llamada tras minutos pasados me avisó de su parada
mientras ella soltaba su huella
en la manada sin contemplación.
Algo en el ambiente ya cantaba....
El preludio empezó tras el toque de bajada
al subirme e iniciar el trayecto
dentro del coche varado a unos metros
envuelta en un áurea húmeda de polvo aire viciado;
vibra de ambiente resentido procedente del otro lado
donde él tenía cualquier mando salvo el control.
Era certeza, no premonición.
Tras compartir unas copas de vino y alimentar el estómago
bajo el efluvio de la broma sobre mi pico,
mi olfato se interpuso en tu mirada
y un flash instantáneo se apoderó de la mía
mostrándome tu risa amplia desabrida
bajo una nariz de punta corta
sobre un labio poblado de césped con intensos carrillos
y un inmenso moflete despoblado bajo el cuello;
una imagen extraña de aquel a quien se idolatra,
preludio del velo que iría cayéndose
a golpes de tragos frente a mis ojos
durante toda la velada:
el rostro de un cerdito copó toda mi mente.
La intuición cubrió todo el terreno
sin dejar espacio a los sueños,
el resto fue simple observación:
las llaves del coche nunca se dejan bajo otra posesión
ni se acompaña hasta el baño a una mujer a todas horas.
No aceptar lo evidente calma el impulso en presente
pero prolonga su duración durante más tiempo.