No es el oído, no es el ruido, es el tumulto en movimiento
la que hoy me ha provocado una gran marea.
Si hubiese desvanecido, me hubiesen tendido una ola donde asirme
y no caerme. El malecón me ha sujetado. Mañana debo explicarlo.
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La espuma de las olas rompientes en las murallas de la isla castillo oxigenan el agua para los tiburones que custodian sus secretos.
ResponderEliminarAlguien yace en el malecón, tal vez superviviente de tan peligrosas aguas...
en ellas se sumergen motines antiguos flotando junto a él, resguardado por las aguas, en ellas protegido, escoltado por tiburones, por ellos dirigido hasta la orilla donde suena una melodía, no hay que temer. En su haber lleva un tesoro: una canción que pronto va a acontecer:D.
ResponderEliminarBesos, Alejandro:-).