El lado propio:
Ilusiones azuzadas
por alas ilusorias
expertas en lanzar
globos sonda.
El lado ajeno:
copas compartidas
a través de un foco
que mostrar a la sombra
para justificarse
mientras se iba el otoño.
Todo eso ha sido
y no volverá a ser.
Ahora solo queda
soltar los globos
con el vuelo de las hojas:
unos hacia las nubes
otros hacia el lodo,
mecidos por la zozobra
del viento invernal.
Al final del invierno
sólo importará
no explotar,
saberse entero
sin nada que ocultarse
a propios.
Soltar sin duda duele
pero sentirse en paz
vale mucho más
que verse encadenado
al dolor del engaño.
